domingo, 16 de mayo de 2021

NECESIDADES LABORALES Y DE APRENDIZAJE


El apoyo social en la vejez está también íntimamente relacionado al trabajo. 

El trabajo no solamente permite desarrollar una actividad sino el desarrollo o mantenimiento de una identidad. En México, existe una cantidad importante de personas desempleadas en esta edad que están aún en condiciones de desarrollar algún tipo de actividad laboral. Pero la vejez es una edad que poco a poco se ha situado como una etapa de descanso, de poca actividad o se ha asociado a la jubilación.

El trabajo como productor de una identidad va más allá de las posibilidades físicas personales e incluye tanto el reconocimiento social como el desarrollo personal.

Sin embargo, no existen en México políticas públicas destinadas a generar oportunidades de empleo a las personas en la vejez y que busquen disminuir el grado de pobreza en el que muchos de ellos se encuentran. No existe en el gobierno federal un programa formal destinado a generar oportunidades de empleo de forma directa para personas mayores de 60 años y las condiciones del trabajo para ellos son precarias.


En México, según datos del censo de población del año 2000, más del 50% de la población masculina de entre 60 y 70 años se mantenía trabajando y, en el caso de las mujeres, solamente alrededor del 15%.

El sistema básico de atención al ingreso para esta edad, el de la jubilación o pensión, no es suficiente y deja desprotegida a la mayor parte de la población de este sector. Además, el trabajo remunerado no logra tampoco satisfacer las demandas más importantes de esta edad. La prioridad en los programas federales y estatales de gobierno para este grupo etáreo se centra en su mayoría en la salud y el ingreso, pero no existen oportunidades que posibiliten la creación de espacios de participación y autogestión.

En los últimos 15 años, en México se han implementado programas sociales para atenuar los riesgos económicos a los que está expuesta la población adulta mayor; tales programas han enfrentado el dilema de enfocarse en población que vive en pobreza extrema de todo el territorio nacional. 

La capacidad de aprendizaje que tiene cada individuo está directamente relacionada con su capacidad intelectual y oros factores, entre los cuales destacan los motivacionales. Existen en la actualidad demasiados tópicos, sin duda erróneos, sobre el envejecimiento, y uno de estos tópicos es que al alcanzar una cierta edad una persona es “demasiado mayor para aprender”. Esta sentencia carece de total sentido, más aún cuando la persona tiene menos de 60 años, pero ¿Qué ocurre con las personas mayores de sesenta años?

Sucede que su capacidad de aprendizaje continúa siendo realmente amplia, sobre todo si también se mantienen amplios los factores motivacionales de que cada uno dispone.

Es posible, sin ninguna duda, aprender la misma clase de conocimientos y habilidades a los sesenta y cinco años que a los dieciocho. Hay factores, no obstante, que pueden influir en que se dé un detrimento en el rendimiento de la persona mayor, como por ejemplo la disminución de la agudeza sensorial (hipoacusia, déficit de visión), mayor fatigabilidad, etc.; pero ninguno de estos factores está directamente relacionado con la disminución en la capacidad de aprendizaje.


Es decir, existen por supuesto ciertas facultades mentales que sufren el paso del tiempo, como la memoria, la capacidad de concentración y la agilidad mental, pero son facultades que pueden compensarse, por ejemplo, con una alta motivación y un gran interés hacia la tarea.

¿Qué es la motivación y por qué es tan importante?

La motivación es el deseo constante de superación. La motivación es intrínseca cuando la persona fija su interés en el hecho de realizar una actividad por el placer y la satisfacción que experimenta mientras aprende, explora o trata de entender algo nuevo.

De hecho, diversos estudios al respecto han demostrado que las personas de edad avanzada son capaces de obtener niveles de conocimiento iguales o mayores que los de las personas más jóvenes si disponen de una alta motivación para ello. 

Se ha visto que un factor definitivo y concluyente parece ser el uso de estrategias de aprendizaje diferentes para las personas mayores, como por ejemplo el hecho de no tener tanto en cuenta la rapidez en la tarea, sino la calidad y el propio disfrute de la misma. Así pues, resulta maravilloso ver como una persona mayor estudia con mucho interés y constancia una lengua extranjera, o es capaz de interesarse apasionadamente por áreas tan variadas como la teología, el deporte (no solo físico sino también mental, como el ajedrez), la historia, la música, la pintura, la geografía, el bricolaje, la cerámica, el turismo, etc.

Así pues, resulta maravilloso ver como una persona mayor estudia con mucho interés y constancia una lengua extranjera, o es capaz de interesarse apasionadamente por áreas tan variadas como la teología, el deporte (no solo físico sino también mental, como el ajedrez), la historia, la música, la pintura, la geografía, el bricolaje, la cerámica, el turismo, etc.

Es responsabilidad de todos fomentar que nuestros mayores realicen estas y otras actividades, pues es bien sabido que una de las mejores formas de envejecer consiste en iniciar el aprendizaje de una nueva tarea que abra la curiosidad hacia otros horizontes.

Interesarse por aprender cosas nuevas en esta edad es el mejor modo sin duda alguna de luchar contra los sentimientos de soledad y contra el aislamiento; es la forma de demostrarse a uno mismo que aún queda mucho por hacer y que la finalidad de sus actividades ya no están, por suerte, en la obligación de aprobar una asignatura o en la necesidad de sacar unas oposiciones o de obtener un ascenso, sino en el propio “saber por saber”, en el disfrute de “aprender porque disfruto aprendiendo, porque me interesa esta actividad de forma personal”.

La participación activa en actividades culturales resulta fundamental para mantener una buena capacidad intelectual. La mente debe ser ejercitada del mismo modo que el cuerpo. La inteligencia de una persona no se detiene a ninguna edad determinada. Factores individuales como la creatividad y la curiosidad del ser humano pueden y deben seguir desarrollándose siempre. 

No existe ninguna duda de que la inactividad física provoca enfermedades y rigideces musculares que conllevan a un rápido deterioro del organismo. Esta realidad no se limita sólo al cuerpo, sino también y con una gran magnitud a las capacidades mentales.

Consecuentemente, la educación y la formación no debe tener límite de edad, debe ser permanente, ya que es una realidad que a cualquier edad el ser humano se siente gratificado por el conocimiento “per se”, por el propio enriquecimiento personal que le aporta interesarse por una materia y exprimir de ella todo el contenido posible.

Como dijo una vez un sabio “lo interesante del viaje no está en la llegada sino en el propio camino”… 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

GRUPOS SOCIALES Y DE IDENTIFICACIÓN

El apoyo social es fundamental en la vida de las personas en la vejez. A través de éste se conforman posibles redes y alternativas de apoyo ...