El apoyo social es fundamental en la vida de las personas en la vejez. A través de éste se conforman posibles redes y alternativas de apoyo ante situaciones difíciles que pueden presentarse en esta edad. El apoyo social en la vejez lo entendemos como la atención y el diálogo necesarios para mantener una vida de continuidad personal a partir de un grado mínimo de seguridad y confianza sobre el medio en el que se vive. Dar apoyo es dar seguridad y confianza al otro. En un mundo como el que vivimos, con grandes desigualdades sociales y con una cantidad importante de personas en situación de pobreza y marginación, la psicología requiere poner atención a las circunstancias concretas y particulares de los grupos sociales y a cómo estas circunstancias inciden en la vida cotidiana y en las expectativas de los sujetos, en este caso, las personas que están en situación de vejez.
El desarrollo social se
relaciona con las posibilidades de llevar una vida con las condiciones
necesarias para sobrevivir de forma digna; sin embargo, en la actualidad la
vejez enfrenta una serie de problemas y situaciones que lo dificultan.
Como señala García, los
ancianos no solamente enfrentan desafíos trágicos como los prejuicios
culturales, el maltrato y el repudio, sino también, los problemas de
marginación, pensiones y jubilaciones ridículas.
La necesidad de mantenerse
activo e integrado socialmente es muy importante para las personas en la vejez.
La falta de atención y diálogo en la vejez puede ocasionar que las personas se
perciban menos integradas en el medio social. Diversas teorías resaltan la
importancia que tiene en esta edad el poder mantener una identidad y mantenerse
activos e integrados en diversos espacios y grupos, así como señalan las
dificultades que representa para los adultos mayores enfrentar un mundo más
tecnologizado o industrializado.
El apoyo social como una posibilidad implica poder ofrecer la construcción de nuevas redes de apoyo social y que el adulto mayor pueda convertirse en actor político activo. En un mundo sin oportunidades la atención no debe centrarse solamente en paliar la desventaja sino también en cuestionarla y señalarla, investigar sus implicaciones en la vida de la gente, bajo el supuesto de que el mundo, en su complejidad, construye identidades diversas en función de sus cambios a nivel cultural y social. El ser humano es un ser socio-psico-biológico.
La teoría de la actividad en el
envejecimiento sugiere que la participación en actividades sociales significativas
representa un componente esencial en la promoción de la salud y en la
predicción del bienestar personal en los adultos mayores. Diversas
investigaciones realizadas desde esta perspectiva plantean que las actividades
sociales ofrecen innumerables beneficios tanto físicos como psicológicos y
sociales. Entre ellos se encuentran:
- Mejor salud mental y física: Se ha observado que los adultos mayores que participan en actividades como deporte, arte, cultura, turismo y recreación cuentan con mejores elementos para hacer frente a situaciones que en otra condición los haría enfermarse o caer en depresión; es decir, la actividad social significativa puede contribuir directamente al mantenimiento de la salud y a la prevención de enfermedades.
- Mejor funcionamiento cognitivo: La vida social activa, las relaciones sociales y el continuar con sus intereses intelectuales traen beneficios en la capacidad funcional y en la función cognitiva de los individuos.
- Promueve hábitos de vida saludables: Los beneficios asociados a las actividades sociales en el envejecimiento son considerados positivos para la salud y el bienestar de los seres humanos, debido a que son una fuente de motivación para continuar viviendo y porque a través de ellas se puede implicar en conductas de salud preventivas y terapéuticas.
Es importante tener presente que la persona adulta mayor posee
una perspectiva clara de la realidad que la rodea, sabe cuál debería ser su
papel en la sociedad y cuál es realmente la función a la que ha sido relegada.
En otro punto, el conocimiento adquirido, principalmente en
la escuela de la vida por parte de la persona adulta mayor, es una herramienta
valiosa con la que cuentan. Pero a pesar de que se considera de gran importancia
debido a su experiencia no se generan los espacios suficientes para que este discernimiento
sea compartido con las nuevas generaciones, sobre todo, porque muchas de las personas
jóvenes no se “rebajan” a escuchar o asimilar todos estos conocimientos, y se
desaprovecha el potencial que podría ser utilizado para resolver muchos de los
problemas de la sociedad actual.
En algunas sociedades, como por ejemplo las orientales, la
edad es sinónimo de importancia y veneración. Las personas adultas mayores son
vistas como todo un ejemplo por seguir, son cuidadas y apreciadas como lo más
valioso de la sociedad. Sin embargo, en Occidente, el consumismo y la modernización
han hecho que estas personas sean vistas, en muchas ocasiones, como un estorbo
y, por lo tanto, lo más fácil y cómodo es llevarlas y entregarlas al olvido en
un hogar o centro de atención para esta población. Algunas personas jóvenes
entrevistadas consideran que las personas adultas mayores sí ocupan un espacio
de especial importancia en sus vidas y en su entorno social las personas adultas
mayores merecen nuestro respeto, pues de ellas aprendemos muchas cosas y
podemos recurrir a nuestros abuelos para recibir un buen consejo.




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